CUMPLEAÑOS DE LA PERLA, ENTRE UN JURAMENTO DEL ALCALDE Y EL TRABAJO VOLUNTARIO DESDE EL DÍA CERO.

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com  ______

El cumpleaños 163 de nuestra amada ciudad no se celebró con la estridencia de otros años. Se llevó a cabo con el rigor que la situación actual amerita, silencio, la dignidad del luto y la fuerza contenida de la esperanza que acompaña la indomable voluntad de un pueblo.  ______

No se realizó el homenaje floral en el monumento a los Fundadores en la Circunvalar, tampoco la Plaza de Bolívar fue escenario de festejos costosos y vacíos; Ciudad Victoria fue el epicentro de una multitudinaria velatón que unió a la ciudadanía en un solo clamor, veinte días después del devastador evento sísmico.

Las llamas de miles de velas encendidas recordaron a las víctimas que no están e iluminaron con luces de esperanza el camino de la reconstrucción de nuestra capital.

En el marco de este escenario de profundo simbolismo, el alcalde Salazar hizo un juramento solemne que tendrá como fiscalizador de su cumplimiento a la ciudadanía, desde allí, asumió la responsabilidad de liderar la recuperación de la infraestructura, habitacional y del tejido social de las zonas afectadas.

El compromiso contrasta con la realidad, lo que se ha visto hasta el momento; la ayuda del Estado llegando a cuentagotas, la burocracia, los intereses y celos políticos dando al traste con una planificación y ejecución coherente a las necesidades.

Este “juramento” lo recibimos los pereiranos, no como un cheque en blanco, sino con la seriedad de quienes serán encargados de inquirir su cumplimiento, exigir que las promesas no se conviertan nuevamente en puro bla…bla…bla.

Sin embargo, como los verdaderos cimientos de la recuperación no dan espera y mientras los decretos se firman y la burocracia de adorna, los voluntarios continúan en las labores solidarias, sosteniendo el espíritu de la ciudad. Los mismos que desde el día cero han desarrollado un trabajo continuo e incansable, esos cientos de mujeres y hombres: socorristas, jóvenes, profesionales y vecinos anónimos, que se han entregado a estas labores humanitarias a veces solo con sus manos, día a día sin pedir nada a cambio, apoyando en albergues, barrios periféricos y en las calles afectadas en un testimonio vivo de solidaridad humana, el motor que nos permite avanzar por su admirable constancia.

Y continúa, a pesar de las cacaraqueadas visitas presidenciales, del abandono a los barrios más golpeados sobre todo en las periferias, en veredas y corregimientos que es alarmante; hay ausencia de subsidios, de maquinaria oficial, del personal de entidades de socorro y hasta lo más elemental para la sobrevivencia, alimentos y soluciones de albergue.

La respuesta ha sido lenta e insuficiente. ¿Que hubiese sucedido sin la gente que creó centros de acopio improvisados, sin jóvenes removiendo escombros, sin profesionales de la salud ofreciendo atención médica? ¿En qué punto muerto estaría la ciudad?

Este conmovedor evento nos deja una certeza inquebrantable, Pereira saldrá adelante, no por la eficiencia del Estado o los juramentos del alcalde, será por la fuerza comunitaria, el compromiso de la ciudadanía y los voluntarios.

La reconstrucción de la infraestructura requiere recursos, ya veremos de donde salen y cuál es el compromiso de los mandatarios en los diferentes niveles, pero lo que es la reconstrucción del tejido humano, depende casi exclusivamente de esa solidaridad sin tregua de todos nosotros, con nuestro dolor transformado en acción y en memoria de las víctimas.

La Perla del Otún demostrará una vez más, la madera de la que está hecha. El civismo renacido terminará salvando lo que a los gobernantes les queda grande.

En referencia a las promesas políticas, como dice la canción Gitana de Willie Colón: “Las palabras son del aire, y van al aire, mis lagrimas son agua y van al mar”. Adaptada del poema de G.A. Bécquer «Los suspiros son aire y van al aire / Las lágrimas son agua y van al mar…» Casi seguro que esto sucederá con estos oportunistas.

 

 

 

 

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