PETRO EN EGIPTO

Por: Lucero Martínez Kasab – La Nueva Prensa / www.latardedelotun.com _______

 

A dos escasos meses de haber llegado al Cairo, Egipto, como embajadora del presidente Gustavo Petro, recibimos la noticia de su visita a este país del norte de África. El presidente de Egipto, Abdel Fattah El Sisi, lo invitó a la inauguración del Gran Museo Egipcio, en medio de grandes personalidades del mundo. Nuestra embajada en Egipto es pequeña, así que tuvimos que hacer un gran esfuerzo para atender a todo un Estado organizando la visita de su presidente a través de las oficinas de la Presidencia y de la Cancillería.

Diez días antes del arribo del presidente llegó al Cairo el equipo de seguridad del presidente, la Avanzada, como se le dice, dirigida por una mujer de Santa Marta, con un temperamento sanamente militar, en el sentido de saber tener el control propio de ese campo sin perder la sensibilidad por los momentos de quiebre humano. Ella condujo de manera impecable a su equipo en lo relacionado con la seguridad, los alimentos, el desplazamiento y el bienestar del presidente. Le ofrecí la Embajada como centro de operaciones para facilitarle el trabajo que tenía como fin el éxito de la visita de Petro. Escogí al más joven de los traductores para que fuera el enlace entre el Gobierno egipcio y el colombiano y, además, el traductor del presidente colombiano.

Fue tan intensa su labor que una de las noches tuvo que acudir al hospital a chequearse la presión arterial. Fue un trabajo de gran resistencia coordinar en dos lenguas, dos culturas, español y árabe, la estadía de uno de los líderes mundiales más amenazados del mundo. Eso implicaba definir acompañamientos, el uso de carros, la marcación de rutas, el alojamiento y lo más delicado: la hora exacta de llegada del avión presidencial. La que siempre se manejaba con total hermetismo por parte del Estado colombiano, lo que ocasionó desesperación en el gobierno egipcio pues, tenían sus propias medidas de coordinación y seguridad para nuestro presidente. El avión llegó. Recibimos al mandatario Gustavo Petro al mediodía bajo el sol y el viento del desierto. La emoción era máxima. Bajó, tranquilo, como siempre. Fue prudente en nuestro saludo en los primeros instantes, después, al ver mi alegría, nos dimos un abrazo. –Lo quiero mucho, presidente- le dije, en medio de la escena transmitida por la televisión del mundo y en presencia del comité de bienvenida de ambos países.

Petro es suave. Su energía es tranquila en contraste con la fuerza que exhibe en sus discursos. Su actitud, en general, no acusa una vida tan intensamente vivida. No es prevenido, no es chocante, no es presumido, no es arrogante. No alza la voz ni tiene grandes movimientos. Es sencillo, complaciente, obediente a los mandatos del protocolo; si hay algo que desea cambiar, lo hace con prudencia. El cansancio que no se le nota en el cuerpo, se le ve en sus ojos que todo lo miran. Después de un corto descanso en el aeropuerto, nos dirigimos a la reunión del presidente Petro con el presidente El Sisi, quien lo esperaba en su palacio de grandes alturas de este pueblo acostumbrado a las dimensiones de sus templos y pirámides. Fue un acto donde los dos mandatarios ocupaban el centro, mientras las delegaciones de cada país, a prudente distancia, estábamos de lado y lado.

El mandatario egipcio también es muy tranquilo, suave, sin ambiciones de protagonismo como tantos otros en el mundo. Lo primero que hizo fue agradecerle a Petro el respaldo a Palestina ante Israel. Lo hizo con un sentimiento sincero de gratitud. En general, los países árabes sienten de esta manera, pero Egipto ha sido muy expresivo. Así lo sentimos por las calles del Cairo al paso del carro de la Embajada con la bandera de Colombia, recibiendo los saludos de la gente para nuestro presidente. El encuentro, que debía durar una hora, se extendió. En un par de ocasiones las puertas se abrieron, los encargados acaso se imaginaban que la reunión habría terminado, pero, ante un gesto de El Sisi, desaparecían como por encanto.

Fueron tres días de frenesí entre reuniones de alto nivel, almuerzos, cenas, desplazamientos por sitios arqueológicos, la inauguración del Gran Museo, inolvidable, pero hubo una ocasión sublime, que, creo, no se repetirá jamás: la entrevista que Petro le concedió al medio árabe Al Jazeera desde la embajada de Colombia, en enlace directo con Gaza.

El piso de madera crujiente de la Embajada elevaba el nivel de irritación de los organizadores y periodistas de ambos países y, de todos los que estábamos atentos a esa transmisión, pues es sabido que la calidad del sonido es uno de los componentes del éxito de una entrevista, mucho más, con Petro como figura central. Cerré la puerta de la que era mi oficina. El crujir de los pasos allá afuera seguía angustiando al periodista árabe. Solicitamos, entonces, que absolutamente todas las personas afuera y adentro de la oficina permanecieran sentadas, que nadie se moviera mientras duraba la entrevista. Sólo se tenía una hora para que el presidente Petro se dirigiera a los niños de Gaza; el avión debía partir en ese término.

Junto con los periodistas del Al Jazeera armamos el set de la entrevista. Mientras el personal de la Presidencia estaba atento a la aparición de la bandera de Colombia, yo estaba atenta a otros detalles, como el de colocar un retrato de García Márquez detrás, como símbolo de nuestra cultura y una pequeña escultura de Tutankamón y tres pirámides como símbolo de Egipto. Un reducido grupo de colombianos nos hicimos a un costado sentados en un sofá, otros en el suelo para presenciar la entrevista. El periodista de Al Jazeera, en off  frente al presidente Petro, no conseguía comunicarle ciertas indicaciones al mandatario, fue entonces cuando mi hijo, Daniel, se levantó, ubicándose al lado del periodista en frente también del presidente Petro, para trasmitirle en español lo que el periodista deseaba; ahí se quedó todo el resto de la transmisión.

El presidente Petro, siempre atento a entregarse en sus discursos y, a la gente en los actos que él protagoniza, se dio a los niños y adultos de Palestina teniendo como fondo los escombros de Gaza, no con la fuerza ante la ONU ni con indignación ante sus opositores, sino con ternura por esos niños. El discurso político fue transformándose en un llamado ético, espiritual -que es político-, dándoles esperanzas a aquellos niños huérfanos, mutilados, pero sonrientes, felices, de ver y tener a un presidente de un país lejano defendiéndolos con tanto amor y fuerza ante el mundo entero.

Petro habló de la felicidad, de la libertad y, entrecortado por un quiebre en su alma, recordó al médico que se quedó con sus pacientes hasta el final. Habló del amor, de la esperanza, de no odiar, del daño que hace la venganza. El silencio en nuestra oficina era total. Dentro del reducido grupo que presenciábamos la trasmisión nada se movía, sólo mis lágrimas rodaban lentas por mis mejillas, las que mi garganta no pudo aguantar, ellas, me hicieron temer que cometería la imprudencia de hacer ruido en medio de aquella atmósfera mística creada por el presidente Petro, los niños, los hombres y mujeres de Palestina.

La entrevista terminó. El presidente se quedó tranquilo en la silla, miró hacia nosotros como despertando, atento, dándose cuenta de quiénes estaban presentes. Me levanté aplaudiéndolo, los demás también lo hicieron, me le acerqué, lo tomé de ambas manos alzándolo, lo felicité con un abrazo, así, también lo hizo, emocionado, el periodista de Al Jazeera. Habían pasado casi dos horas. El edecán del presidente, desesperado durante los últimos minutos, actuó rápido para llevar a Petro al vehículo rumbo al aeropuerto. Los demás periodistas que esperaban en la sala de la embajada perdieron la oportunidad de entrevistar a Petro. Todos los funcionarios corrieron a sus carros. Nosotros también, pero nuestro conductor no aparecía, en medio de gritos, salió de donde estaba, corrimos, nos subimos al carro. El vehículo presidencial iba a gran velocidad por entre las autopistas del Cairo, nos dejaron atrás, lo perdíamos por segundos, luego, lo alcanzábamos, su bandera ondeando fuertemente, nos guiaba. Llegamos al aeropuerto justo para hacer la calle de honor de despedida. Aún con la respiración entrecortada de tanto correr, lo despedí al pie del avión con otro abrazo, él, también me abrazó sincero subiendo al avión, tranquilo.

Entrevista del presidente Gustavo Petro desde la embajada en Egipto con Al Jazeera. Noviembre. 2025.

https://www.youtube.com/live/K6_Jxu8jBpM?si=Wb5MG8EfjJGxqJ-F

 

 

 

 

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