Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com ______
Se llegó la hora y como se dice coloquialmente, “porque usted lo ha pedido”. Bajo reglas claras, temas de importancia, una relatoría independiente y lejos de la parafernalia de los medios tradicionales el candidato Iván Cepeda retó a Paloma y Abelardo a debatir.
Ahora sí, el cuadrilátero político colombiano se prepara para un choque de trenes que promete ser, más una lección de rigor, que un intercambio de arengas a las que están acostumbrados los representantes de la derecha. De un lado la seriedad y el rigor de Iván Cepeda Castro, del otro, Paloma con su estridente puesta en escena de calcomanía uribista y el firulete contorsionista De la Espriella. En este ulterior escenario, la profundidad académica es el arma que deja a los vociferantes sin oxígeno.
Mientras sus contradictores se han enfocado en fabricar titulares incendiarios y reproducir la retórica de la posverdad, que no busca informar, sino conmover o indignar, Cepeda se ha enfocado en lo fundamental, su sistema de trabajo no es emocional ni improvisado, sino técnico y estructural. Es un estratega metódico que prefiere la efectividad del dato sobre la estridencia del discurso, a partir de una estructura de pensamiento cimentada en la sociología y el entendimiento a fondo de la historia del conflicto.
Por lo anterior, en los debates que se avecinan, la diferencia será obscena. Veamos:
En lo político y social, Cepeda maneja la arquitectura del Estado y el derecho internacional humanitario con una solvencia que hace parecer a la senadora Valencia un altavoz de libretos heredados. Y a De la Espriella como un desaforado camaján de esquina.
En lo económico la diferencia se hace más larga, frente a las visiones atrasadas y extractivistas, con una que otra propuesta, que, en muchos casos han sido fusiladas del actual gobierno, pero son solo el enunciado. El senador propone, la implementación a fondo de políticas en la distribución de la tierra y la justicia social, temas donde la fundamentación técnica suele ser el golpe de gracia conceptual para los argumentos de sus interlocutores.
Como abogados, Cepeda – Abelardo, hay una diferencia abismal, el derecho vs el espectáculo. De la Espriella se regodea en el espectáculo, en la puesta en escena y la verborrea ante los micrófonos; en un debate serio, de altura, sus adornos y arabescos de pseudo estadista quedarán fuera de contexto y terminará palideciendo ante la sobriedad documentada de Cepeda y su profundo conocimiento jurídico.
El país asistirá a un colapso argumental. No por falta de educación o caballerosidad, sino porque la realidad de las cifras y la densidad conceptual de Iván Cepeda son, sencillamente, un muro infranqueable para quienes confunden la política con un video de TikTok o una perorata sin contenido.
Paloma y Abelardo morderán el polvo, no porque les falte lengua, sino porque les sobra orfandad argumentativa. Se toparán con un hombre que no debate para la galería, sino para la historia. Al final, el país recordará que mientras unos ensayaban gestos frente al espejo, el otro estudiaba las entrañas de una Nación que ya no se conforma con sombreros volteados, gritos destemplados o brincos bajo pirotecnias pasajeras.
La fundamentación, señores, no se compra en una boutique; se adquiere en la academia y en el territorio. Y ahí, Cepeda juega de local. Como decían las mamás de antes, “Que se tengan fino”, porque ustedes lo han pedido.
