LA DIPLOMACIA DEL LADRIDO.

Por: Leonardo Franco Arenas / www.latardedelotun.com  _______

El nombramiento de Carlos Felipe Mejía como embajador de Colombia en España por parte del presidente electo Abelardo de la Espriella no es un acierto diplomático, es, la exportación del sectarismo y la pendencia colectiva. Premiar con una de las misiones más estratégicas de Europa a un personaje cuyo principal mérito ha sido el grito destemplado, la gesticulación agresiva y un temperamento desequilibrado, evidencia que la nueva administración confunde la representación de un Estado con un ring de boxeo ideológico.

La cancillería, que exige prudencia, finura y el arte sutil de tejer consensos, queda rebajada a un patio de recreo para el desahogo de un perro de presa político. Qué trágica desgracia para el país: enviar a Madrid, ante una de las mayores comunidades de connacionales en el exterior, no a un estratega de la concertación, sino a un desaforado representante de la intolerancia, empaquetado en traje formal, asegurando que las relaciones internacionales de Colombia no se manejarán con alta política, sino a punta de intimidaciones y ladridos desde la tribuna.

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